domingo, 21 de septiembre de 2014

Historias de Galicia (La Voz de Galicia, 24 de marzo de 2013)

   Una interesantísima sección de La Voz de Galicia nos ilustra cada domingo con historias sobre nuestro pasado, su nombre, Historias de Galicia.
   En 2013 publicaron un par de artículos relacionados con el Pasatiempo, uno sobre los hermanos García Naveira y otro centrado en el Parque.
   Comenzaré subiendo el primero en aparecer (el 24 de marzo de 2013), el referido a Juan y Jesús García Naveira. Espero que os guste.



Juan García Naveira


Jesús García Naveira



Artículo de La Voz de Galicia


Los hermanos García Naveira

   Todos los porteños amantes de la noche y de la música conocen el Palacio Alsina, ubicado en pleno corazón de Buenos Aires. Pero muy pocos habrán reparado en las dos letras entrelazadas - una S y una G - que presiden su fachada. Tal vez ni sepan que, antes de ser templo del baile, el singular palacete diseñado por el arquitecto gallego Guillermo Álvarez fue almacén de prósperos comerciantes; la G de su frontispicio corresponde al primer apellido de los betanceiros Juan y Jesús García Naveira.

Palacio Alsina (Fuente: palacioalsina.net)


   Cuando el vapor de la naviera alemana Hamburg Süd atracó en el puerto de Buenos Aires, a finales de l909, nadie estaba esperando a aquel niño de apenas doce años de edad procedente de A Coruña. El crío, de nombre Román Agustín Pellejero Puga, fue internado provisionalmente en el Hotel de Inmigrantes de la capital argentina. Allí lo rescataron, días después, sus acaudalados parientes. La tardanza de estos estaba justificada: la carta que les advertía de la llegada del pequeño había viajado en el mismo buque que el desvalido emigrante.
   Román Agustín fue acogido por Jesús García Naveira, primo de su madre. Y su protector le facilitó la catapulta para la conquista de las Américas: toda su dilatada vida profesional, 65 años en total, la desarrolló en la firma comercial que Jesús y su hermano Juan habían fundado en 1875. Primero como aprendiz, después corno viajante y, finalmente, como vicepresidente primero y director gerente.


EN LA CUMBRE DEL ÉXITO

Pero eso ocurrió más tarde. Cuando el preadolescente puso sus pies en Buenos Aires y su mirada buscaba ansiosamente un rostro conocido, los hermanos García Naveira ya habían coronado la cumbre del éxito y comenzaban a desparramar su fortuna, filantrópicamente, sobre su Betanzos natal.
   Hijos de humildes trabajadores, los dos hermanos habían desembarcado cuatro décadas antes en Buenos Aires. Sin más equipaje que su tesón, su capacidad de sacrificio y el espíritu altruista que guió toda su existencia. Tal vez mas desamparados aún que Román Agustín, cuyo hijo - Román Eduardo Pellejero Magri - establece un estrecho paralelismo entre los tres emigrantes: “Mi padre siguió los mismos pasos que sus parientes: estudiaba de noche y trabajaba de día. Vivian muy austeramente y ahorraban todo lo que podían”.
   Pellejero Magri, un experto meteorología marina y capitán de corbeta retirado, sugiere que el primer oficio de los Naveira consistía en transportar víveres y mercancías al “naciente y prometedor interior de la provincia de Buenos Aires”. Suministradores de los “almacenes de ramos generales” que surtían de ropa, botas, ponchos, guitarras herramientas de trabajo a los colonos del campo argentino. Merece la pena reproducir la vivida y evocadora descripción que Pellejero Magri ofrece de aquellos viajantes:
   “En las primeras épocas, viajaban con pintorescos guardapolvos de lino crudo, gorra y antiparras y se comunicaban por el telégrafo del ferrocarril. Iban con sus enormes arcones y valijones, de pueblo en pueblo, e incluso grandes estancias que tenían su propia tienda-proveduría. Llegaban a los pueblos y apeaderos de la línea férrea y los pasaban a buscar carretones en los que cargaban todos los bultos. Pernoctaban en esos pueblos y estancias, llevaban los muestrarios de temporada adelantada y tomaban los pedidos. Los viajantes eran los portadores de noticias frescas de Buenos Aires, eran agasajados y hasta se les solicitaba ser padrinos de algún recién nacido”.
    ¿Fue este el origen de la primera plata atesorada por los García Naveira? La hipótesis, a falta de apoyo documental, resulta verosímil. De hecho, en 1875, apenas un lustro después de la llegada de Juan — Jesús lo haría poco después—, nace García Hermanos y Compañía, firma que abastecía de artículos de importación a los almacenes que iban brotando a medida que los colonos expandían la “frontera” del vasto territorio argentino.
   La empresa cambió varias veces de nombre, en función de la incorporación de nuevos socios y cambios en la titularidad de las acci0nes. La denominación García Hermanos cedió el testigo a Sangrador, García y Cia., firma que dio paso a Sangrador, Etchegaray y Cia., para finalizar su trayectoria más que centenaria bajo Ia razón social de Etchegaray, Arriarán y Compañía.


EMBLEMÁTICA SEDE
   A comienzos del siglo XX, Sangrador y García levantan el emblemático edificio de la calle Alsina, buque insignia de la firma comercial. Y encargan su diseño al arquitecto Guillermo Álvarez Pérez, un ourensano de Cortegada cuya obra arquitectónica dejó huella perenne en la sodomía de Buenos Aires y cuya generosidad regó su tierra natal del Ribeiro. El palacete de Alsina no fue uno de sus proyectos menores: en 1922 sería galardonado por el municipio porteño.


Palacio Alsina (Fuente: palacioalsina.net)


   Pellejero Magri, que correteaba de niño por los pasillos del establecimiento, recuerda su esplendor “Varios pisos, con galerías, barandas de hierro forjado muy trabajadas, dos increíbles ascensores revestidos de madera labrada, y al fondo, un gigantesco vitral, desde la planta baja hasta el cielo raso, varios pisos arriba, con la imagen de la Torre de Hércules, que era una de las marcas registradas de la empresa».
    A los hermanos Naveira les faltó tiempo para disfrutar de la magna sede. El día de la inauguración, Juan era ya un indiano -había retornado a sus eidos en 1893- afanado en levantar el espinazo a Betanzos.
    Y Jesús había fallecido en 1912 a consecuencia de un accidente de tranco. Mejor suerte corrió el niño que, en el puerto de Buenos Aires, constató con el corazón encogido que nadie lo esperaba: en 1977, el año de su retiro, ocupaba el puesto de mando de la firma Etchegaray, Arriarán y Compañía.

Fernando Salgado



Para pasar a texto la imagen escaneada de La Voz de Galicia he usado la web free-ocr.com

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